Por Dr. Juan Brito Reyes
Recientemente tuvimos una desagradable
experiencia en nuestro centro de salud,
no ahondaré en detalles, es la historia
de un paciente masculino, 40 años, buen
estado de salud, quien además era médico
cirujano, quien tras sufrir una sección
de los tendones flexores del dedo índice
de su mano derecha buscó persistente y
desesperadamente la cirugía reparadora,
en cierta manera rompiendo los
procedimientos normales de la
programación de una cirugía.
Presionó al anestesiólogo para usar
anestesia general, todas las
valoraciones prequirúrgicas indicaban un
paciente sin riesgo quirúrgico (I/IV),
el anestesiólogo aceptó (¿gran error?).
Se induce a la anestesia, se intuba,
pasan algunos segundos y el paciente
está cianótico, simultáneamente el
anestesiólogo siente resistencia en la
bolsa al ventilar, ausculta los campos
pulmonares y el tubo está insertado
correctamente, empieza a bajar más la
saturación de oxígeno, se declara el
código azul y casi simultáneamente el
paciente hace un paro cardiaco, llega el
anestesiólogo del quirófano contiguo y
se inicia RCP, en pocos segundos más
llegan el cardiólogo y el intensivista,
luchan por 8 minutos y logran revertir
el episodio.
El paciente sale directo a la Unidad de
Cuidados Intensivos. El hombre está en
coma, se realizan electroencefalogramas,
en los 2 primeros hay actividad
cerebral, al tercero una línea plana...
Se comunica a los familiares, estos
enloquecen; los médicos desconcertados,
¿qué demonios pasó? Se investiga, se
pregunta, se hizo junta médica.
Los familiares por su lado se
"asesoran", empiezan a hablar de
denuncias por mala práctica, error del
anestesiólogo, etc. Se logra entrar en
razón con algunos de ellos y empiezan a
entender que su familiar ha muerto y que
depende de máquinas y drogas que
mantienen su cuerpo funcionando...
No quisiera estar en sus zapatos, se ve
el dolor la angustia, la impotencia en
sus rostros, pero una luz de esperanza
en un milagro todavía existe. Seis días
más tarde el paciente muere.
Los médicos del hospital piden una
autopsia, los familiares imponen un
legista famoso por ser "el verdugo de
los médicos"; la tensión es asombrosa,
resultado: Shock anafiláctico severo,
probablemente a los anestésicos; según
la bibliografía de las estadísticas
mundiales hay un porcentaje minúsculo de
estos casos del que ni el experto más
grande del mundo sale airoso.
Se dio por cerrado el litigio, terminó
el drama legal, todos quedaron tristes.
Miro hacia atrás y reflexiono: Que
frágiles somos los médicos, hay quienes
con carreras brillantes, de trayectoria
impecables en su accionar durante toda
una vida, llena de actuaciones
ejemplares, de pronto se les viene el
mundo abajo y ven como su más preciado
tesoro se hunde en el lodo: su
profesión, su vida.
Esto es una lucha contra la muerte, tal
vez contra el destino, cosas que escapan
del control o comprensión del humano,
los médicos lo sabemos, lo comprendemos,
estamos preparados para eso, pero
estamos preparados para luchar contra
otras fuerzas que siendo terrenales
pueden ser más crueles... eso me asusta
y me hago finalmente la pregunta: Qué
somos...
¿ Héroes o villanos?
Dr. Juan Alberto Brito Reyes
Licenciado en Leyes.