Dr. Rafael Ben Cruz
“El error es
humano, todos podemos equivocarnos
porque el ser humano es
imperfecto.”(Errare humanun est) (1.)
La ortopedia como
especialidad, tiene un riesgo medio,
dentro de todas las especialidades, de
sufrir demandas. Todo tratamiento de
Ortopedia y Traumatología tiene que
considerar dos aspectos fundamentales
para obtener un buen resultado: la
biología (fractura cerrada, trauma
de baja energía, poco desplazamiento de
los fragmentos, paciente joven en buenas
condiciones, sin lesión de partes
blandas) y la biomecánica (osteosíntesis
cerrada, no invasiva, mínimo trauma a
las partes blandas).
Las estadísticas
hablan que anualmente un millón de
osteosíntesis internas son realizadas,
esto se basa en las ventas directas de
material de síntesis, por lo que se
traduce en que 5 a 7 mil osteosíntesis
son realizadas diariamente,” Es
inevitable pues que los errores sean
numerosos” (2).
La osteosíntesis
fracasa por factores intrínsecos
(tejido óseo que no responde con la
consolidación ante un material de
osteosíntesis, tal como sucede en el
hueso seriamente traumatizado o en
enfermedades óseas como la osteogénesis
imperfecta, o en complicaciones
derivadas de la fractura como la
necrosis avascular) y factores
extrínsecos (planeamiento operatorio
deficiente, técnica quirúrgica pobre
material de osteosíntesis es de baja
calidad).
Es poco ético hacer
críticas infundadas a nuestros colegas
por realizar procedimientos que
consideramos regulares o mediocres
(lamentablemente en nuestro medio es
costumbre este tipo de comportamiento),
porque todos tenemos derecho a cierto
margen de error, de ahí que cuando
cometemos errores tratamos de justificar
ante nosotros mismos, y nos convencemos
plenamente que el error cometido tiene
justificación es decir lo convertimos en
un “error bueno” ya logrado ese auto
convencimiento queremos y a veces
conseguimos convencer a nuestros
colegas, dando explicaciones
inverosímiles, a sabiendas de que los
colegas saben que fue un error y muy
probablemente ellos mismos lo hayan
cometido en su práctica clínica.
Dentro de este
proceso de convencimiento, finalmente
tratamos de convencer a quien llevará de
por vida ese error….el paciente y/o sus
familiares. A este proceso de
justificación y negación es lo que he
bautizado como: TRIADA TRAUMATICA del
ERROR (T.T.E).
Los errores médicos
se diferencian de la MALA PRAXIS en que
los primeros se consideran errores
honestos o accidentes, mientras que lo
segundo es resultado de negligencia,
ignorancia reprobable o intención
criminal. El error humano no indica, en
la mayor parte de los casos, una falta
de formación sino un fallo en la manera
de actuar en un momento dado.
Como cirujanos
ortopedistas conocemos las posibilidades
de error que se nos presenta en cada
intervención y a mayor cantidad de
cirugías aumentan las posibilidades.
Cuando somos capaces de identificar el
error, conocer su etiología y
corregirlo, ayudamos primero a nuestros
pacientes y segundo desarrollamos y
fortalecemos nuestra especialidad.
Todos podemos
cometer errores al tratar a un paciente,
pues conocemos la existencia de factores
que nos pueden llevar a ello, tales
como: la confianza que nos da nuestra
experiencia en la especialidad, manejo
da casos con criterio propio, no
seguimiento de los protocolos e incluso
la técnica quirúrgica aplicada. A lo que
no tenemos derecho es a PERPETUARNOS en
el error. Si nos detenemos a analizar y
estudiar el resultado poco satisfactorio
de nuestros casos, conoceremos y
aprenderemos de nuestras limitaciones
ante un procedimiento o técnica
quirúrgica, así como incrementamos las
posibilidades de éxito o fracaso ante
otro caso similar. Con el simple hecho
de reconocer, identificar y analizar
nuestro error damos un paso gigante.
El asedio a que
estamos siendo sometidos los
profesionales de la salud, en una
sociedad cada vez más informada, que
conoce y reclama sus derechos, hace que
cualquier complicación tenga una
repercusión médico legal, de
consecuencias variables; ahora bien, el
hecho de que se cometa un error no
significa que hemos fracasado como
profesionales, porque si reconocemos
nuestro error no hemos FRACASADO,
fracasamos cuando seguimos cometiendo el
mismo error una y otra vez dejando una
estela de pacientes con lesiones de por
vida.
Cada vez debemos
ser más conocedores de que hay factores
que escapan a nuestro control y que
por su propia condición pueden conducir
al fracaso, tales como: fracturas
complejas con lesión vascular, desgarros
por aplastamiento de una extremidad,
pérdida masiva de tejido, estas son
condiciones propias de la lesión que
son inevitables, por lo que se deben
presentar y explicar detenidamente al
paciente y/o sus familiares y darles
detalles reales de cuáles son las
posibilidades de éxito o fracaso con
estas condiciones.
Ahora bien, existen
otros factores que si controlamos, pero
que si no se cumplen adecuadamente
conducen al fracaso como son:
planificación en equipo del tratamiento
a implementar, empleo de material o
prótesis adecuado, decidir el tipo de
tratamiento a que será sometido el
paciente (conservador/quirúrgico),
informar adecuadamente al paciente sobre
el proceso de recuperación, entre otros.
Finalmente
consideramos que el cirujano debe
conocer sus pericias y limitaciones,
quien cree que lo sabe todo, está
condenado al fracaso, debemos
auxiliarnos de expertos en aquellos
procedimientos que no manejamos y saber
escuchar una segunda opinión ante la
duda, cuando un cirujano ortopedista
está convencido por su experiencia en la
aplicación de un procedimiento actúa con
la razón y no siempre los resultados
esperados serán los que se obtienen.
PREVEER, RECONOCER Y ENTENDER LOS
ERRORES ES
EL PRINCIPIO DE LA SABIDURIA.
(3)
julio 2009