Dr.
Marcos A. Martínez
Pérez
El aplastamiento severo de la mano ha
sido tradicionalmente asociado a un mal
pronóstico. Debe notarse, sin embargo,
que fallar en la liberación de los
músculos edematizados confinados en un
espacio osteofascial cerrado,
invariablemente conduce a la muerte
muscular y, subsecuentemente, a la
contractura. El daño irreversible de los
músculos encerrados en un compartimiento
ostefascial de la mano causa retracción
isquémica de los músculos intrínsecos,
la conocida contractura de Finochietto.
Zancolli identifico 3 tipos de
contractura isquémica en la mano: 1)
generalizada, la cual afecta todos los
compartimientos de la mano; 2)
localizada, en la cual se afecta un
grupo de compartimientos musculares de
la mano, en mayor frecuencia el
compartimiento radiotenar; y 3) atípica,
en la que se ven afectados varios
compartimientos de manera desigual. El
síndrome compartimental en la mano se
caracteriza por la flexión de la
articulación metacarpofalangica,
extensión de las interfalangicas
proximal y distal y por retropulsión o
abducción del pulgar.
En un estudio presentado en la décima
reunión clínica de la sociedad de
Kleinert en el 2008, se identificaron 11
pacientes que ameritaban descompresión
quirúrgica inmediata de los músculos
intrínsecos de la mano luego de sufrir
traumas por aplastamiento. Todos los
pacientes en el grupo de estudio eran
masculinos entre los 20 y los 57 años
de edad, trabajadores manuales, en los
que se identifico signos y síntomas de
síndrome compartimental como son el
edema marcado, dolor desproporcionado o
intensificado en la posición de
“intrínseco minús.” de la mano,
parestesias de los dedos y sensación de
aumento de tensión facial a la
palpación. Además se realizo medición de
la presión de los compartimientos de la
mano, utilizando 30mmhg como limite
normal superior.
Una vez realizado el diagnosticó se
realizó liberación de los compartimental
sin retraso ( antes de las 6 horas luego
del trauma), a través de incisiones de
la zona tenar, hipotenar y dos
incisiones en la cara dorsal de la mano,
en los casos de un síndrome
compartimental generalizado o de acuerdo
a la necesidad, en las formas mas
localizadas.
Al final de un seguimiento de 6 meses
todos los pacientes eran capaces de
realizar labores en la posición de
“plus” y “minús.” de los intrínsecos de
la mano, sin trastornos neurológicos,
sin limitación funcional, a excepción de
2 pacientes quienes mostraron
adherencias de los tendones extensores
en las falanges proximales donde habían
sufrido fracturas.
Un punto importante que amerita
discusión es la pregunta suscitada tras
estudios como el expuesto anteriormente:
La liberación profiláctica de los
compartimientos de la mano favorece al
resultado final? Nemethi, Wolfort y cols.
señalaron a la contractura isquemia de
los músculos intrínsecos, leve o severa
no tratada, como una de las principales
causas de la mano incapacitada. Esta
hipótesis explicaría la rareza de la
frecuencia del síndrome y pobre
pronostico de la función de la mano tras
un trauma por aplastamiento.
Un ejemplo de esto es el
caso de este paciente en el que al
liberar una contractura por quemadura
del 1er espacio interdigital, se observa
que el 1er músculo interoseo y el
aductor del pulgar están reemplazados
por tejido cicatrizal.

Otro punto de importancia es la pobre
correlación de los signos y síntomas con
el diagnostico del síndrome
compartimental de la mano. El dolor
reportado en los pacientes con síndrome
compartimental puede ser fácilmente
explicado por el evento traumático, la
contusión muscular y demás lesiones
asociadas.
La
parestesia es un signo tardío. El edema
masivo que lleva a la postura de
intrínseco minús de la mano solo es
valorable en la forma generalizada del
síndrome, además de que dicha postura
puede deberse a la tracción elástica de
la piel. Por ultimo la medición de la
presión intracompartimental se ha
mostrado poco precisa al determinar el
diagnostico definitivo de síndrome
compartimental de la mano, ya que el
rango varia desde un absoluto 15 mmhg a
50 mmhg (o 20 mmhg por debajo de la
presión diastólica).
La pobre correlación entre el edema de
la mano, la postura intrínseca minús y
la presión intracompartimental se
muestra en los siguientes ejemplos.


(Arriba, izq.) Edema
severo, postura intrínseco minús y
presión intracompartimental de 13 mmhg.
(Arriba, derecha) Edema moderado,
postura intrínseca plus y presión
intracompartimental de 66 mmhg. (Abajo)
Edema severo, postura intrínseca minús
leve y presión intracompartimental de 15
mmhg.
En conclusión, todo trauma por
aplastamiento de la mano acompañada de
edema severo y tensión a la palpación
debe alertar al cirujano ortopeda sobre
la posibilidad de un síndrome
compartimental agudo de la mano, aun en
ausencia de los signos y síntomas
clásicos. En la actualidad se recomienda
llevar record sistemático de la presión
intracompartimental en cualquier
paciente con trauma por aplastamiento
severo en toda o en solo parte de la
mano, y que la fasciotomía debe ser
rutinariamente considerada, ya que
existen estudios que demuestran que la
incidencia del síndrome es mas alta que
lo que encontramos en la literatura
clásica.
Además se concluye que
el pronóstico de un síndrome
compartimental de la mano es tan malo
como lo sea el pronóstico de otras
lesiones asociadas al trauma por
aplastamiento. Por ultimo, es importante
considerar al síndrome compartimental
oculto o no diagnosticado como causa de
la “mano congelada”, limitaciones de
movimientos específicos de la mano,
retracción de los espacios
interdigitales y otras secuelas
postraumáticas de la mano.
BIBLIOGRAFIA
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