Desde una leve molestia hasta un intenso
dolor, que además es incapacitante. Así
se presenta la artrosis de cadera,
principal causa de los implantes de
cadera en todo el mundo. Esta afección
suele darse especialmente entre personas
de mediana y tercera edad, por lo que
las intervenciones para implantar
prótesis de cadera han aumentado en la
última década a un ritmo espectacular. A
la cirugía tradicional se une ahora la
mínimamente invasiva. Aunque todavía
poco utilizada en comparación con
sistemas tradicionales, aporta mayor
comodidad al paciente y reduce los
costes de hospitalización al precisar un
postoperatorio más corto.
En nuestra revisión se tomo como muestra
a todos los pacientes que se le realizo
artroplastia de cadera en el Hospital
Regional Marcelino Vélez Santana (HMVS),
en el periodo enero del 2007 a enero
del 2008, y tomamos como variables la
edad, el sexo y la causa por la cual
fueron intervenidos.
Casi
el 90% a quienes se realiza un reemplazo
de cadera son personas que han superado
los 55 años. En más del 80% de los
casos, la enfermedad que provoca la
necesidad de recurrir a una prótesis es
la artrosis de cadera (dolencia que
produce el desgaste del cartílago
articular y provoca dolor y rigidez),
aunque la articulación también puede
resultar dañada por otras enfermedades
reumáticas, como la artritis reumatoide.
En principio se intenta aliviar los
síntomas de la enfermedad con
tratamientos conservadores, que tratan
de disminuir el dolor y mejorar la
movilidad de la articulación lesionada;
sólo cuando no se consigue aliviarlo, se
recurre a la colocación de una prótesis
cadera, uno de los mayores adelantos de
la cirugía ortopédica del siglo XX. Esta
articulación artificial debe su diseño y
utilización generalizada a sir John
Charnley, un cirujano ortopédico
británico que desarrolló, junto a un
equipo de ingenieros, la técnica y
prótesis de los materiales utilizados en
la prótesis de cadera.
La articulación es una estructura del
organismo donde se unen los huesos. En
el caso de la cadera son el fémur, cuyo
extremo superior es una esfera, con una
cavidad situada en la pelvis que se
denomina cotilo. Los extremos de los
huesos que forman la articulación están
recubiertos por el cartílago articular,
que amortigua las fuerzas que actúan
sobre el hueso y permite el movimiento
de la articulación.
Además, la articulación está rodeada por
una cápsula recubierta por la membrana
sinovial, que produce un lubricante (el
líquido sinovial) que ayuda a disminuir
su desgaste. Cuando se padece artrosis
la membrana sinovial produce unas
sustancias químicas que destruyen el
cartílago articular y provocan dolor y
rigidez, por lo que el paciente evita el
movimiento de la articulación.
Si la destrucción articular es grave el
afectado sólo podrá volver a desempeñar
parcialmente sus actividades diarias si
recurre al reemplazo de su cadera por
una articulación artificial. En función
de la edad y la dolencia específica de
cada persona se utilizan un tipo u otro
de prótesis. El más generalizado es la
prótesis que se fija al hueso con
cemento acrílico, utilizada en pacientes
mayores de 70 años. En este caso el
hueso tiene peor calidad y no la
prótesis no puede adherirse
correctamente.
Para pacientes más jóvenes se utilizan
las prótesis de titanio, que permiten
que el hueso crezca y se adhiera
fuertemente a la prótesis, por lo que la
fijación es más duradera y segura. En
caso de desgaste, se pueden cambiar sólo
los elementos desgastados y no la
prótesis completa. Aunque no es muy
frecuente, también se realizan prótesis
mixtas o híbridas, en que una parte se
fija al hueso sin cemento y la otra con
cemento.
Eliminación del dolor
No existe ninguna duda acerca del
principal beneficio de la prótesis de
cadera. Para el paciente significa algo
tan valioso como la desaparición del
dolor. Sin embargo, éste no se evapora
de un día para otro y tras la operación
se pueden presentar molestias durante
semanas o incluso meses.
La causa está tanto en la propia
cirugía como en que los músculos que
rodean la articulación están debilitados
por el largo tiempo que han permanecido
inactivos. La intervención convencional,
que suele hacerse bajo anestesia
raquídea (duerme
el cuerpo de cintura para abajo) dura
entre 90 y 120 minutos y permite que el
paciente pueda moverse en pocos días
ayudado por bastones.
Tras recibir el alta, el paciente debe
realizar ejercicios al menos tres veces
por semana durante un período no menor a
tres meses, lo que mejora la movilidad
de la articulación y permite hacer vida
prácticamente normal, aunque no se
recomienda realizar deportes de
contacto. Pese a que todos los pacientes
notan mejoría tras la implantación de la
prótesis, no en todos los casos la
recuperación es igual, ya que depende de
lo lesionada que estuviera su
articulación antes de la intervención.
Actualmente existe también la cirugía
mínimamente invasiva, que se empezó a
utilizar en el Hospital de la
Universidad George Washington. Este
procedimiento, que dura unos 120
minutos, es más cómodo para el paciente
ya que sólo requiere dos incisiones
pequeñas de no más de 5 centímetros.
Los beneficios se perciben, sobre todo,
tras la operación. Mientras la cirugías
tradicionales de cadera requieren una
estancia hospitalaria de tres a cuatro
días, la mayoría de los pacientes con
cirugía de mínima invasión pueden volver
a casa al día siguiente.
Riesgos asociados
Toda intervención conlleva riesgos
asociados y reemplazar la cadera por una
articulación artificial no iba a ser
menos. En este caso, la mayor
complicación potencial es la infección
que puede producirse en la zona de la
herida; no reviste mayor gravedad y
suele tratarse con antibióticos. Existe,
sin embargo, un caso que presenta
problemas de mayor envergadura: que la
infección se desarrolle alrededor de la
prótesis, momento en que es precisa la
retirada de la articulación artificial.
Además de los riesgos, en el mundo de
las prótesis hay otro factor que debe
ser tenido en cuenta, la vida útil de
las articulaciones artificiales, que es
limitada. En el 90% de los casos, la
duración de las prótesis totales de
cadera supera los quince años, superado
este tiempo, debido al aflojamiento de
la prótesis, es necesario cambiarla. De
ahí que se recomiende efectuar controles
periódicos al mes, al año a los 5 años y
a los 10 años de haber implantado la
prótesis.
La técnica quirúrgica
Reemplazar una cadera por una
articulación artificial es una técnica
de cirugía mayor que suele realizarse
administrando al paciente anestesia
raquídea. El procedimiento quirúrgico
consiste en una incisión de unos 15
centímetros en la parte lateral de la
cadera hasta llegar a la articulación
dañada, que se extrae y se reemplaza por
una prótesis realizada con materiales
artificiales.
En el lugar del extremo superior del
fémur (que es como una esfera) se coloca
una esfera metálica unida a un vástago
que se inserta dentro del hueso. A
continuación, se implanta una cúpula de
plástico en la cavidad esférica de la
pelvis dañada.
En la Cirugía de Mínima Invasión
desarrollada recientemente, se realizan
dos incisiones de tan sólo 5
centímetros. Con una guía radiográfica,
los cirujanos insertan herramientas
pequeñas para quitar la junta y
reemplazarla con un implante plástico y
metálico. Además, en lugar de atravesar
ligamentos, músculos y tendones, como
sucede en la cirugía tradicional,
trabajan alrededor de los mismos.
Los materiales que se utilizan en este
tipo de implantes están diseñados para
permitir una movilidad similar a la
previa de la articulación. Para ello se
usan diversos metales, como el acero
inoxidable, aleaciones de cobalto, cromo
y titanio; y plástico, habitualmente
polietileno, que es muy duradero y
resistente al desgaste que supone la
fricción.
En las prótesis tradicionales suele
utilizarse cemento para fijar el
componente artificial al hueso, aunque
también existen prótesis no cementadas,
que se encajan directamente en el hueso
y se utilizan habitualmente en los
pacientes más jóvenes.
RESULTADOS
En el periodo enero 2008 a enero 2009
en el HMVS se realizaron un total de 34
artroplastia de cadera, de estas 15
fueron parciales y 19 totales. El 69%
fueron realizadas a mujeres entre las
edades de 50 a 74 años con una media de
66 años y el 31% a hombres entre las
edades de 44 a 70 años con una media de
55 años. La causa más frecuente fue la
artrosis de cadera con un 73%, seguida
de las post traumáticas con un 23% y por
último las fracturas mal consolidadas
con un 4%.
Basándonos en los resultados de nuestra
revisión, podemos llegar a la conclusión
de que nuestras estadísticas no difieren
de otras realizadas en otros países
donde las mujeres post menopáusicas son
las más afectadas por la artrosis
secundaria a artritis reumatoide y por
tal razón son las que más se les realiza
artroplastia de cadera, sin embargo,
podemos notar que los hombres son
intervenidos regularmente a más temprana
edad debido a que los hombres están más
expuestos a traumas de alta energía que
repercuten en daño de las articulaciones
y este caso la cadera.
Cada día se realizan mas artroplastia de
cadera debido a que la población
envejeciente es más activa y realiza mas
actividades deportivas, es por eso que
hemos ido a la par con los adelantos
tecnológicos para poderles brindar una
mejor calidad de vida.